Historia de un espejo

El trabajo de conserje es aburrido, sobretodo en invierno. Hay mucho tiempo para darle vueltas a las cosas. Había aceptado aquel contrato por que me permitía estudiar. Sencillamente, podía dedicar mucho tiempo a preparar los exámenes y el dueño del negocio me dijo que no habría ningún problema para concederme los permisos para examinarme. El sueldo no era grande, pero había otras ventajas.

Desde hace muchos años soy voyeur, me gusta mirar a las parejas y a las chicas cuando están practicando sexo compartido o autógeno. El problema es que en invierno, en el lugar en que me encuentro hace mucho frío, y resulta complicado y peligroso deslizarse por los tejadillos hasta la ventana. El año pasado me resfrié y terminé padeciendo una neumonía, por culpa de una pareja mayor que practicaba sado-maso.

Tras la habitación cerrada, ella se convertía en una bestia y él en un conejito. Recuerdo aquel día en que aquella mujer gorda, le hizo beberse su orina a su acompañante después de haberle azotado con una fusta. A ella le gustaba vestirse para las ceremonias que se organizaban entre los dos. El latex negro le sentaba bien, sobretodo de espalda, cuando su melena rubia descendía hasta su culo.

Durante el verano llegué a la conclusión de que era necesario modernizarse, en la era de la tecnología. Me pasé largo tiempo pensando como hacerlo, hasta que un día lo vi claramente. Era tan sencillo, tan fácil. Sólo tenía que comprar unas pequeñas cámaras y conectarlas tras los espejos de varias habitaciones del hotel Z (permítanme que no les ofrezca más datos, no puedo revelar su localización).

Así lo hice, tres mini cámaras con control remoto fueron introducidas en sendos agujeros llenos de cables, pero que permitían ver con claridad; uno de los cables se conectaba con la red de televisión en el canal 42, al que sólo se accedía con clave y yo me había encargado de ser el único en conocerla, rompiendo los testigos del formulario después.

También preparé un clable USB, con tres conexiones, por si fallaba el circuito y además para poder echar un vistazo desde mi casa, pues había conectado la recepción de imágenes al ordenador central con un programa que yo solo conocía. Solo tenía que entrar en una página determinada y allí aparecían las cámara, que podía regular y enfocar a mi gusto.

Era una gozada estar en mi casa, y hacerme una paja en a cama paja, mientras veía a un negro de 120 kilos, que estaba cachas, le dejaba su polla en la boca a una puta pelirroja llamada Wanda, que conocía desde hace tiempo. Esta chica era una experta con la lengua, que tenía perforada y disponía de un piercing de color púrpura con el que le hacía maravillas al muchacho, por las caras que ponía el muy cabrón. Como se habrán imaginado a estas alturas, el hotel en el que trabajaba no era muy recomendable.

Un día me preocupé, cuando un idiota comenzó a golpear a su compañera (otra prostituta) como un animal; llamé a la policía con anónimo desde una cabina, e inventé una historia, y la mentira me salió muy bien; dije que una amiga me había llamado desde el hotel, por que su novio la estaba maltratando y que hiciera el favor de llamar a los agentes.

Lo que me sorprendió es que cuando ellos se acercaron a la puerta, la chica, que estaba sangrando, no dijo absolutamente nada de la agresión que había recibido, y por lo que pude escuchar, dijo que se había golpeado en el baño. Nunca comprenderé a las mujeres.

Bueno, voy a relatarles el gran polvo que presencié en una ocasión, entre una mujer blanca y un hombre oscuro, pero no de origen africano, sino asiático, tal vez fuera de las Molucas. Aquel día la cámara de la habitación del tercer piso tenía problemas, no enfocaba bien, sólo se podía ver bien desde cerca. Pero entre intuiciones y nebulosas relataré lo que vi.

El llegó, le rasgó la ropa, tenía la polla erguida como un toro; a continuación le abrió las piernas con brusquedad y la penetró, ella gritó y luego los gemidos se fueron acompasando.

Pero lo sorprendente, es que aquel cabrón se dio de pronto la vuelta, echo a la chica en la cama, y mostrándole el culo, le metió la polla en la boca. Ella casi se asfixia con aquella enormidad suculenta. Luego la puso sobre él, y se la hincó hasta el cuello del útero. Ella comenzó una danza loca, sin descanso durante más de quince minutos en los que hizo de todo.

Posteriormente, hizo algo que nunca había visto, echo a la chica sobre la cama como si fuera una muñeca hinchable, y mostrándole las nalgas, le clavo su larga polla, de una forma sorprendente, mientras ella levantaba las piernas y gritaba como una posesa, corriéndose tres o cuatro veces.

Por último, el tío se acercó a la mesa que hay bajo el espejo de mi cámara, se sentó, miró a la luna, hizo un guiño, y entonces la mujer blanca se acercó con intención de comerle la polla, no le ví la cara, pero sus movimientos me recordaban a alguien, cuando se giró, me di cuenta que aquella tía era la zorra de mi novia. Nunca sabrá como supe su historia con John, el estudiante malayo, cuando la dejé; pero reconozco que yo nunca había sido capaz de follarla así.

Esto me ha dado una idea, ahora siempre que conozco a una chica, la suelo invitar a dormir al hotel una noche, en una habitación particular, diciéndole que si se me arregla subiré a follarla. Con esa idea se quedan tranquilas, entonces las observo.

De las once que he invitado, solo una, Raquel, nada más cerrar la puerta se quitó la ropa, se echó en la cama y comenzó a masturbarse como una ramera experimentada. Y lo hizo más de diez veces seguidas, gimiendo y gritando. Tengo ese video conservado como un tesoro y cada vez que lo veo me empalmo.

Desde entonces, Raquel es mi novia y me va genial con ella, hay que probar la mercancía antes de usarla, por que las mujeres (y los hombres), no llevamos información ni instrucciones cuando nos relacionamos. Esa chica es la más caliente que nunca había conocido, no para, es una auténtica ninfómana. Por cierto, desde que estoy con ella, prácticamente he dejado mi afición al espionaje.

Si ustedes padecen una patología similar pongan en práctica mi método y verán que buenos resultados les da, al fin y al cabo, lo importante en una pareja es follar bien, y luego está todo eso del amor.


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